Queridos feligreses de San William,
¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!
Con gran alegría les escribo mientras celebramos la gloriosa fiesta de la Pascua, el corazón de nuestra fe cristiana. En este día santo, proclamamos con renovada esperanza que Jesucristo ha vencido el pecado y la muerte, abriéndonos el camino hacia una nueva vida.
La Resurrección no es simplemente un evento del pasado, sino una realidad viva que continúa transformando nuestras vidas hoy. En un mundo frecuentemente marcado por la incertidumbre, el sufrimiento y la división, la tumba vacía es un poderoso recordatorio de que la oscuridad nunca tiene la última palabra. El amor de Dios es más fuerte. La vida triunfa sobre la muerte. La esperanza perdura.
En esta Pascua, los invito a cada uno de ustedes a encontrarse con el Señor Resucitado de una manera más profunda. Busquémoslo en la oración, en la celebración de la Eucaristía y en actos de caridad los unos hacia los otros. Como familia parroquial, estamos llamados a ser testigos de la Resurrección — llevando luz a quienes están en la oscuridad, consuelo a quienes sufren y paz a quienes están angustiados.
Que esta sagrada temporada renueve su fe, fortalezca su esperanza y profundice su amor. Salgamos con corazones alegres, proclamando no solo con nuestras palabras sino con nuestras vidas: ¡Cristo verdaderamente ha resucitado!
Al celebrar esta Temporada de Pascua, que la paz del Cristo Resucitado llene sus corazones y hogares en esta temporada de Pascua.
Ad Jesum per Mariam,
Padre Francisco Rodriguez III
Párroco